Me gusta cocinar, pero mucho más me gusta cuando es para compartir, me encanta la cara de la gente cuando disfruta con placer de una comida. Me gusta mucho cuando las personas están contentas, cuando no pueden (ni quieren) disimular la sonrisa, cuando los mirás y desbordan bienestar.
Me gusta contar anécdotas absurdas y el humor espontáneo. Puedo divertirme sola la mayoría de las veces, hasta reírme como si alguien me hubiese dicho algo muy gracioso. A veces estar sola me cansa y no me divierto.
Extrañamente puedo resultar ser alguien muy demostrativo, Yo, que siempre me muestro dura y fría, me gustan los besos, las caricias, los abrazos… Estas últimas semanas he descubierto que al dormir abrazo una de mis almohadas, como una niña que abraza a su oso.
Me gusta mucho pasear, me encanta.
Me gusta preocuparme por la gente, que se sientan especiales, queridos. Me siento extraña cuando la gente hace eso por mí… Los regalos me ponen incómoda.
No soy muy buena manteniendo amistades, o quizás sólo duran lo que tienen que durar, lo suficientemente poco como para no arruinarse. La gente con amigos de mucho tiempo me genera un poco de curiosidad.
No me gusta cómo me siento al despertar, lo dormido nunca parece ser suficiente y la mayoría de las veces me siento miserable… Todo puede cambiar, por suerte. Disfruto mucho dormir.
A veces intento con tanta vehemencia ser normal que me asusto, (como si eso fuera posible para alguien)…Soy muy exigente conmigo, siempre quiero hacer todo lo mejor que pueda, me gusta cuando me siento conforme con mi actuar.
Me gusta algunas noches, beber y escuchar música, noches como ésta. Y cada tanto, mientras hago eso, escribo, como ahora. Éstas son las noches de soledad que me agradan, cuando puedo hacer algo más que beber y estar sentada en esta silla mirando una pantalla. Más allá de que el resultado sea bueno o malo, hice algo más, y siempre, según dicen, es mejor más que menos…
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